La dicha no se encuentra con esfuerzo y voluntad, sino con tranquilidad y con abandono.
No te inquietes, no hay nada que hacer.
Lo que emerge en el espíritu no tiene ninguna importancia, ya que no tiene ninguna realidad.
No te apegues a ello. No te juzgues.
Deja que el juego se juegue solo: elevarse y caer.
Sin cambiar nada, todo se desvanece y comienza de nuevo sin cesar.
La búsqueda de la dicha es lo que nos impide verlo.
Es como un arco iris que se persigue y nunca se atrapa: porque no existe, porque siempre ha estado ahí y te acompaña en cada instante.
No creas en la realidad de las experiencias buenas o malas: son como los arco iris.
Y uno se agota en vano queriendo asir lo inasible.
Pero en cuando sueltes la presa, allí está el espacio: abierto, hospitalario, confortable.
Por tanto aprovéchate… Desde ya, todo es tuyo.
No busques más…
No quieras buscar en la jungla inescrutable el elefante que ya está tranquilamente en casa.
No hacer nada. No forzar nada.
No querer nada. Y todo se hace solo.