“A veces me despierto y tomo conciencia de que estoy rodeado de cosas y personas, y si miro atentamente el cielo, la tierra o la pared del frente… tengo la impresión de que los veo por primera vez. Y también por primera vez me pregunto ¿Qué es esto? ¿Dónde estoy? ¿Quién soy? ¿Qué significa todo esto? Y entonces de repente una luz enorme y enceguecedora lo inunda todo, echa por fuera con los antiguos significados, borra todas nuestras preocupaciones, todas esas sombras, todas esos muros que nos hacen imaginar limites, distinciones, separaciones, importancias…es como si despetara de un hondo y largo sueño…” Eugene Ionesco.

No hay milagro más grande que estar presente. Estar presente significa que el YO o sea el Espiritu que está “dormido”, despierta. La línea de la eternidad corta a la línea del tiempo, el punto de intersección es el AHORA. Estar presente es estar en el ahora. Es uno de las manifestaciones mas ricas de la Inteligencia espiritual.

Aunque parezca extraño casi nunca estamos presentes, sea porque estamos atrapados en el pasado por la memoria, o “proyectados” al futuro a través de la la imaginación. La realidad está oculta tras el velo de nuestra mente ausente.

Cada momento nos ofrece la posibilidad de estar presentes. La mente tiende a divagar, a dejarse llevar, eso es más fácil que estar presente no requiere esfuerzo, pues es algo mecánico. Es más fácil lanzar los objetos hacia abajo que hacia arriba.

Hay otra forma de no estar presentes, es decir despiertos, además de la memoria y la imaginación, es la fascinación, apego o identificación.

Es decir, cuando desaparecemos, absorbidos por algo. Por ejemplo, miro una montaña, y me pierdo, mi mente divaga, me olvido de mi mismo, pierdo la conciencia de mí mientras miro la montaña, estoy ausente. ¿Dónde estoy yo?

Una de las razones por las que no estamos en el presente es porque no estamos de acuerdo con él. Otra es porque está “demasiado cerca”, siempre tendemos a no mirar lo que es “obvio” no encontramos algo que buscamos y está en “nuestras narices”. Otra es porque el pequeño ego entra a tallar con todas sus poses, sus opiniones, sus sabiondadas, sus críticas, su sentimiento de tener razón. Así, no se puede jamás mirar la montaña, lo único que queda entre usted y la montaña, son una ruma de palabras. A final de cuentas, el pequeño yo no es más que eso, un puñado de palabras, una masa de hábitos.

Recordarse a si mismo significa valorar el presente, sacralizarlo, disfrutar el estar vivos en este instante. Usted está leyendo esto en este instante, está presente? O está pensando en lo que hará despues, o en el incidente de la mañana…

Una buena definición de éxito sería estar presente lo más que podamos cada día.

Para estar presentes tenemos que interesarnos más en los que nos rodea que en la imaginación o el recuerdo de sucesos pasados. Tenemos también que aprender a dividir nuestra atención. Miro la montaña (no mis opinones sobre la montaña), pero también me miro a mí mismo (me doy cuenta, siento, que soy yo el que mira la montaña)… tengo que estar presente…

Estar presente es una sensación plena, llena, es un estado de fulgor, en el que el mundo parece colorido, vivo, lleno de matices y yo me doy plenamente cuenta de ello y de mí. Me doy cuenta que yo soy el que observa.

Por tratarse de un estado superior de conciencia, nadie en la vida nos ha hablado de ese estado tampoco nadie nos ha enseñado. Nuestros padres y profesores tendrían que despertar para hablarnos del despertar. En estado de sueño como podrían hablar del despertar. Además, el recuerdo de sí está más allá de las palabras. Es un estado, una sensación, un sentimiento.

Uno de los momentos donde nos recordamos a nosotros mismo y vivimos a plenitud el ahora es cuando estamos de viaje y vamos a lugares por primera vez, decimos o más apropiadamente sentimos: “pensar que yo estoy aquí…”

Nuestra vida a final de cuentas está compuesta por todos los momentos de conciencia, de despertar, eso son los únicos momentos que recordamos, ya sea que pasó algo extraordinariamte bueno o extraordinariamente malo, dolor o éxtasis, esos son los recuerdos que permanecen a través de los años.

Nuestros momentos de memoria (por estar presentes) constituyen nuestras vidas. Cuando miramos nuestras vidas, los momentos que verdaramente recordamos son esos momentos… los demás momentos sólo sabemos que sucedieron… ¿Que recuerdo tienes cuándo cursabas el cuarto año de primaria? De hecho estuviste casi 10 meses en un aula, y diste examenes y todo eso, pero cuántos instantes recuerdas.

Hay recuerdos de la infancia que el tiempo no puede borrar, son indelebles a su paso, ¿por qué? Seguramente porque estabamos despiertos, presentes, es decir nuestro espiritu o Yo esencial estaba despierto.

Ahora mientras lee estas líneas, ¿Puedes aparecer?!… mira, tu estás leyendo, ¿te sientes? Siente el papel, ves el negro y las formas de las letras. Siente tu respiración. Siente tu cuerpo y relaja sus tensiones. Siente los músculos de su rostro. Siente tus pies en el piso. Date cuenta que eres tú el que está leyendo este texto. En este preciso momento.

Siente este presente eterno. Es lo único que en realidad tienes.

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